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Los siete pecados de la memoria

Los Siete Pecados de la Memoria

Los siete pecados de la memoria son un conjunto de acciones u omisiones que nuestra memoria suele realizar que, si bien forman parte de su mecanismo de funcionamiento (recordemos que al final nuestro cerebro es una gran maquina), en realidad nos afectan de un modo u otro en nuestras vidas. Fue el especialista e investigador Daniel Schacter, quien publicó primeramente esta tesis en un libro de su autoría, dejando claro que, si bien, algunos de estos pecados podrían traernos graves consecuencias, al final son necesarios para mantener estables otros procesos importantes, incluso determinantes para nuestra actividad cerebral y nuestra memoria.

Transitoriedad: Nuestra memoria es, en el espacio donde fijamos nuestros recuerdos, como un gran disco duro, pero al mismo tiempo es un disco duro que debe tener en una carpeta a nuestra mano los recuerdos más cercanos o más importantes, por esta razón, hay una gran cantidad de recuerdos, experiencias que, por más queramos recordarlos, cada vez se nos irán borrando, es el mecanismo del cerebro para tener a la mano, frescos, recuerdos, sensaciones y hechos que nosotros mismos le hemos indicado son más valiosos. Cabe resaltar que no podemos dominar la transitoriedad a nuestro gusto, por el contrario, no son raros los casos en que una ruptura amorosa lleva a alguien a querer “olvidar como sea”, todo lo ocurrido con esa ex pareja pero, curiosamente, esos pensamientos intensos, el recordarle continuamente mientras juramos querer olvidarle, en realidad le está ordenando al cerebro que retenga esas vivencias, el alcohol parece ayudar a olvidar en estos casos, pero todo es temporal, el bloqueo que hace el alcohol en parte del hipotálamo solo durara unas horas a lo sumo y nos bloquea en el momento y al día siguiente solo sobre lo ocurrido en la noche, pero no en recuerdos y mucho menos en aquellos que nos encargamos de fijar en el cerebro con tanta intensidad.

Distracción o ausencia de conciencia: Es uno de los problemas más comunes nacidos de nuestra rutina, nos acostumbramos a todos los días repetir las mismas cosas y esto lleva a veces a un relajamiento mental que hace que olvidemos cuando alguien nos ha entregado una carta y donde la hemos colocado, o de pronto no sabemos donde colocamos ese papel con el número de teléfono que nos entregó un viejo amigo con quién nos topamos en la calle.

Bloqueo: Es de lo más común y tiene su origen en procesos internos de la complejidad de nuestro cerebro, a todos nos ha ocurrido ese momento en que, a punto de decir algo, lo olvidamos y entonces soltamos: “lo tenía en la punta de la lengua”, curiosamente, pareciera que mientras más nos esforzamos en recordar “eso” más se empecina nuestro cerebro en bloquearlo y casi siempre, un rato u horas después, cuando estamos relajados y quizás ya no nos sirva el dato o recuerdo, llega a nuestra mente.

Atribución errónea: Es uno de los mecanismos más complejos y delicados de nuestra memoria, obedece a varios factores, uno de ellos, determinante, es el orden cronológico en el que ocurren u observamos ciertos hechos. Por ejemplo, una persona que ha visto como un delincuente arrebata el bolso a una señora podría perderle de vista pero más adelante, observar que han detenido a otro delincuente asaltando a una tienda y, más allá de algún parecido real, relacionar los hechos de inmediato y jurar ante la policía que esa persona fue quien atacó a la señora un rato antes. Es un mecanismo difícil de entender, ya que realmente puede ocurrir que sean señalados inocentes y acá reside el peligro, por eso los sistemas de justicia exigen más pruebas que el solo testimonio, son reducidos pero peligrosos los casos en que por atribución errónea un inocente podría terminar pagando delitos de otro.

Sugestionabilidad: Es un hecho real que todos, en mayor o menor medida y en distintos contextos, con distintos recursos, podemos ser sugestionados, a veces de manera intencional y otras, como ocurre con este pecado capital, por trastadas de nuestro cerebro. Este pecado obedece a la manera en que nuestro cerebro relaciona un hecho del pasado con uno del presente, mezclando factores para que “encajen” en el momento, en cierta forma es una especie de prejuicio de la memoria y se puede dar en distintos escenarios, ocurre normalmente con los casos de avistamientos de supuestas naves extraterrestres. Nunca dejará de ser curioso como de pronto, apenas alguien dijo ver un plato volador, un montón de gente comenzó a verlos, alguien ve una especie de tabaco volando y a los días en otra ciudad otra persona jura haber visto algo similar. Lo que ocurre es que, si vemos una luz, algo que no reconocemos, lo tomamos como eso, una luz que no reconocemos o en la ley un OVNI (Objeto Volador No Identificado – no necesariamente una nave extraterrestre), pero si antes de ver esa luz, miramos en la noticia a alguien hablando de su avistamiento de un platillo volador, de pronto podremos notar una forma que antes no miraríamos y sí, hay una gran posibilidad de que terminemos “viendo” un platillo volador.

Sesgo retrospectivo o parcialidad de la memoria: Es uno de los pecados más curiosos, aunque también más humano, tal cual basamos muchas de nuestras opiniones en prejuicios que anidan en nuestra mente, con el tiempo, los recuerdos también pueden terminar adaptándose a nuestras ideas de la actualidad, nuestra visión del mundo… Así, si en un tiempo disfrutamos mucho de ir a  conciertos de rock y saltar chocando con amigos, de pronto en una etapa de adultos, no nos guste para nada el rock, este parecer se vea reforzado con nuevos amigos o una pareja que deteste esos conciertos con todos esos empujones y entonces nuestros recuerdos bonitos con nuestros amigos roqueros pasan a ser recuerdos de nuestra inmadurez haciendo tonterías con otro grupo de inmaduros. Lo dicho, en realidad, es algo muy humano en toda su esencia.

Persistencia: Es este uno de los pecados que más nos afectan, tanto a nivel profesional, viviendo continuamente recuerdos de algún fallo en el trabajo, un hecho desagradable con un jefe anterior, algo que quizás nos coloque a la defensiva afectando nuestro rendimiento presente, como también puede ser el caso (más común) de alguien que, habiendo terminado una relación amorosa) se esfuerza en borrar el doloroso recuerdo de la separación o, para el momento, los recuerdos dolorosos de los momentos pasados al lado de esa persona. El cerebro entiende los pensamientos intensos como una orden de fijación y mantiene más vivos esos recuerdos, si dices frente a un espejo 1.000 veces: No quiero pensar en pizza, en realidad tu cerebro entiende que quieres tener esa palabra presente.

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