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Fake It Until You Make It: Influencia de la Postura Corporal en la Actitud y el Rendimiento Cognitivo

Estamos acostumbrados a leer que el lenguaje no verbal, nuestros gestos y posturas corporales, revelan nuestro estado anímico o psicológico, algo que reflejamos incluso en nuestra forma metafórica de hablar, cuando utilizamos expresiones como “llevar peso sobre los hombros” haciendo referencia a un sentimiento de culpa o de responsabilidad, o “llevar la cabeza alta” para referirnos a la conveniencia de mantener una actitud de cierto orgullo.

Pero, ¿qué sucede si adoptamos a propósito una postura similar? ¿Puede una postura corporal determinada cambiar nuestro estado psicológico o anímico?

¿Puede una postura corporal determinada cambiar nuestro estado psicológico?

La investigadora de la Universidad de Columbia Dana R. Carney y su grupo de investigación se hicieron esta pregunta y llevaron a cabo un estudio [1] con el que quisieron comprobar si adoptando una postura corporal asociada con una actitud de poder (posturas expandidas, con las extremidades abiertas, que en la naturaleza se asocian con un alto nivel de poder o rangodel individuo que la exhibe) provocaba cambios a nivel psicológico, fisiológico y conductual, que hicieran a los participantes sentirse y comportarse de forma típica a como se ha observado que lo hacen las personas con alto poder.

En particular, las personas de gran poder en comparación con las personas con poco poder, además de adoptar posturas corporales más expandidas y abiertas que proyectan dominio, muestran también mayor disposición a participar en la acción y a asumir riesgos que las personas con bajo poder, y se sienten con más nivel de control o de poder que estas[1].

Por el contrario, las personas con bajo poder muestran el perfil opuesto, adoptando posturas contraídas y cerradas (extremidades que tocan el torso) que proyectan bajo poder y asumiendo menos riesgos.

Además, en los seres humanos y en otros animales los individuos poderosos y los individuos sin poder también se diferencian en el perfil neuroendocrino, mostrando los primeros niveles altos de testosterona (la hormona del dominio) y bajos de cortisol (la hormona del estrés) y los segundos niveles bajos de testosterona y altos de cortisol.

Teniendo todo esto en cuenta, los investigadores midieron los niveles salivares de testosterona y cortisol de los participantes antes y después de posicionarles en la postura corporal de interés (de alto vs. de bajo poder). Tras haber mantenido los sujetos dicha postura durante 1 minuto, se midió también su conducta de toma de riesgo (mediante una gambling-taskotarea de juego) así como una medida del sentimiento de poder mediante un autoinforme en una escala de 1 (en absoluto) a 4 (mucho).

Los investigadores observaron que los participantes que habían adoptado posturas de poder alto mostraban cambios respecto a sus niveles basales (antes de adoptar la postura experimental) en el sentido esperado para las personas con alto poder: su nivel de testosterona había aumentado y el de cortisol había disminuido, y tenían puntuaciones mayores en sentimiento de poder y control. Además, el 86,36% de este grupo de participantes mostró conductas de mayor riesgo en la tarea de juego, frente al 60% del grupo de sujetos que había adoptado posturas de bajo poder.

Los sujetos que habían adoptado posturas de bajo poder también mostraron cambios congruentes con lo esperado: su nivel de testosterona disminuyó, aumentando el de cortisol, y tenían puntuaciones más bajas en sentimiento de poder que antes de adoptar la postura.

Así los investigadores concluyeron que, una manipulación simple de la postura corporal durante 1 minuto fue suficiente para alterar significativamente los estados fisiológicos, mentales y conductuales de los participantes, y que ello puede preparar a los sistemas mental y fisiológico de los individuos para soportar situaciones difíciles y estresantes.

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